30-07-2026
La elipse auxiliar palermitana albergará el próximo lunes 3 de agosto a yeguas de 4 años y más edad para animar el Clásico Sierra Balcarce (2200 metros), un siempre justo recordatorio a la considerada “Primera y única Triple Coronada” del hipismo argentino.
Aquella zaina colorada, nacida el sábado 8 de septiembre de 1927, fue criada por Justo José Sáenz Valiente en el Haras Ojo de Agua, y descendía de Sandal (GB) (William the Third) y la clasuda Sierra Leona, por St. Wolf (GB) en Solicitud, por Jardy (FR) en Solifuga, por Gay Hermit (GB). Integrante de la Familia 16-a, la tan calificada casta genética de Sibila, Smasher, Doubtless, Arturo A. y Rafale, poseía por cierto un pedigree descomunal, y lo tradujo en corta pero estupenda campaña porteña bajo la tutela de Telmo Míguez, defendiendo los intereses de la ecurie Cantón, que la adquirió en $ 22.000.
Debutó tardíamente, el domingo 8 de junio de 1930 en la pesada de Libertador y Dorrego con la monta de Julio S. Iberra, y se llevó el Premio Congreve (1500 metros), reservado a potrancas de 2 años perdedoras, al relegar por 2½ cuerpos, 3 e hilera a Aimará, Agua Dulce, Pervertida, Tinajera, Norelle y Mi Ídolo en 1’33” clavados.
Idéntico estado de cancha para su segunda presentación, el domingo 29 de junio, donde se lució el aprendiz Iberra para sacarla airosa por ½ pescuezo sobre la buena de Firmeza (Irineo Leguisamo) en 1’38” exactos para el recorrido del Clásico Ramón Biaus (1600 metros), un equivalente al actual Gral. Luis María Campos-G2, cortadas 3½ cuerpos de Nutria Blanca, Agua Dulce y Vindicta.
De ahí a la Polla de Potrancas (1600 metros) del domingo 27 de julio en la arena liviana, para hilvanar al mando de Julio Iberra su tercera conquista consecutiva en vibrante desenlace de ½ cabeza y ½ cuerpo con Vindicta y Firmeza, llegando posteriormente Aimará, Dálmata, Tinajera, Encore, Cantonera, Caritina, Nutria Blanca y Corrientes, en 1’35”4/5.
Plebiscitada de modo unánime por la grey burrera, el domingo 10 de agosto sufre sin embargo una ajustada e inesperada derrota en el Clásico Olavarría (2000 metros) ante su conocida Aimará, que exprimida a fondo por “Legui” le rebana ½ cabeza en 2’6”, con Vindicta a 2½ largos y Encore cerrando la marcha. Iberra alcanzó, dominó y con postura académica se dispuso a gozar a Leguisamo, que advirtió la oportunidad, zamarreó a Aimará, la hizo estirar como una goma y tapó en la raya.
Desquita el domingo 14 de septiembre con el advenimiento a su montura del jockey Pascual Cuchinelli al adjudicarse el Gran Premio Jockey Club (2000 m.), nada menos, derrotando por 1¾, ¾ y demás a Schopenhauer, Iluso –compañero de techo de Sierra Balcarce-, Merezco, Kalfú, Grosero, Alvarado y otros cuatro potrillos en 2’3”3/5 para la alfombra dorada normal.
Su estación siguiente es el Gran Premio Nacional (2500 metros) del domingo 5 de octubre en superficie liviana, el cotejo por antonomasia para los SPC de 3 años, con la presencia en el Palco Oficial del Presidente de facto de la Nación, el Teniente General José Félix Uriburu, quien había derrocado a Hipólito Irigoyen en el golpe de estado del 6 de septiembre.
Y logra la medalla dorada pese a padecer un contratiempo descalificador a una cuadra de la partida al pialarse en los remos posteriores de Schopenhauer, cuando su piloto “la levanta del piso”, la sofrena y la potranca resigna considerable terreno. No obstante ello, en competencia de ritmo cansino (1’5” los 1000 iniciales y 1’36”2/5 para los 1500), Cuchinelli la va acomodando de menor a mayor con mano de seda, la crack se pone 5ª promediando la última curva, en el derecho va por Schopenhauer, empareja su línea a la altura de los 200 e inclina la balanza hacia su lado en alarde de calidad, doblegándolo por ½ cuerpo en 2’37” con 11”3/5 de remate para el piso firme, con Viator a 2 largos por encima de Merezco, Vindicta, Saint Raphael e Infidente.
Así le concedía su segundo Derby al británico Sandal, padre asimismo del fenomenal invicto Macón, titular de la carrera en 1922. El duodécimo al mítico Haras Ojo de Agua. Y Don Telmo Míguez se daba el gusto más buscado en la profesión tras una trayectoria de 32 años en la cuida.
CRÓNICA O PINTURA
“Sierra Balcarce estuvo a punto de rodar. Casi del suelo fue levantada por Cuchinelli, que perdió colocación en seguida. Entretanto agolpábanse los contrarios en la punta, entre ellos el más bravo, Schopenhauer, dirigido por quien sabe del oficio como ningún jinete de los que han hecho su carrera en Palermo. A todo atiende la multitud inquieta y rumorosa, que ve estrecharse el camino incesantemente, sin que Sierra Balcarce recupere nada del que ha perdido. Las caras son de angustia. Refocílanse ya lo que confían en Schopenhauer, y más que todo en Leguisamo, que lleva un contralor riguroso de la carrera. Del fondo no sale Sierra Balcarce, y ya en la recta, Leguisamo acaba por dominar toda la resistencia. Hace entonces que Schopenhauer acumule nuevas energías, no fuera que despierte la presunta vencida y él tenga que reprocharse un desacierto, cometido tan luego en la carrera de las carreras. Nada todavía, y ha quedado atrás el primer tercio de las tribunas populares. Un alarido estremece entonces todo el recinto del hipódromo. Es Sierra Balcarce que avanza y nadie ha quedado sin gritarle. Ha llegado el momento también el momento para que Leguisamo emplee su táctica preconcebida, pero nada le vale ante el empuje arrollador de Sierra Balcarce, que empareja al cabo y domina; pero con dominio franco, evidente, incontrastable, que el hipódromo entero celebra, enronquecidas las gargantas y congestionados de emoción los rostros, en medio de tal cual cariacontecido, pero que, al fin sportsman, se suma al aplauso de la mayoría cuando la ganadora entra al pesaje.”
LA DESPEDIDA
Y el domingo 9 de noviembre, durante el trámite del Gran Premio Carlos Pellegrini (3000 metros), le recrudece el reflejo de un golpe previo de rutina y padece una lesión determinante para el resultado, que obliga además a retirarla de las lides luego de una nueva actuación de proporciones. Pues sólo el colosal Cocles al influjo del “Pulpo” Leguisamo evita su Cuádruple Corona al postergarla a la cincha en un tiempo de 3’7”1/2, en puesta para ese placé con Crisol, aventajando a Iluso, el monstruo Congreve e Infidente.
La dolencia se manifestaba el sábado 1º, después de la corrida preparatoria, cuando a Sierra Balcarce se le inflamó la mano izquierda en toda la región de la cuerda. La impresión reinante y el juicio veterinario coincidían en señalar una claudicación. A la mañana siguiente, sin embargo, y sin otro tratamiento que los antiflojísticos de rigor, la hinchazón cedió, el remo recobró su exterioridad normal y la yegua no manifestó dolor ni molestia. Sólo un leve rastro había quedado en la caña: un puntito oscuro que pareció entonces el núcleo de la desaparecida inflamación. El golpe sufrido en el ejercicio dejaba esa señal, pero con los días todo indicaba que había desaparecido el efecto de la contusión. Así fue, aunque sólo en apariencias enmarcadas por cierto exceso de confianza de sus allegados.
Sierra Balcarce corrió normalmente los 2200 metros iniciales. “En ese momento hizo un movimiento raro, perdió elasticidad y se encogió, defendiendo el remo dolorido y buscando recargar el peso sobre la mano sana y las dos patas, que se resintieron también enseguida, y Sierra Balcarce llegó acalambrada e hinchando el lomo”, declaró Cuchinelli. Los efectos del accidente de aquel sábado 1º habían conspirado contra su coronación. El Dr. Durrieu, veterinario oficial del hipódromo, comprobó la gravedad extrema de la dolencia, una manquera gravísima, y la campeona volvió a su caballeriza llevada por la ambulancia equina. Esa misma noche, sus responsables anunciaron que no correría nunca más.
De tal forma completó un palmarés de 5 primeros y 2 segundos en 7 confrontaciones, con $ 206.880 en recompensas. Y fue predecesora de La Mission, que una década más tarde y sin problemas sanitarios se convertiría en la única Cuádruple Coronada del historial de nuestra hípica.
En el rol de yegua madre, en los prados del Haras Los Ranqueles, distó de replicar su singular caudal locomotivo. Empero, produjo con Vermilion Pencil (GB) a Sierra Lola (1934), ganadora en la milla capitalina y luego madre con Full Sail (GB) de la estelar Serradilla; con Mannering (GB) a Aconquija (1936), vencedor del Clásico América (1600 metros) de 1940 en el césped de San Isidro a expensas de Zorzalito y Taitú, además de escoltar a 1¼ cuerpo de Bon Vin en el céntrico Clásico Vicente L. Casares (2500 mts.) de igual temporada, tras lo cual pereció imprevistamente por una neumonía; de su cruza con Sanjil nació Copiapó (1939), laureado en las quince cuadras de Palermo; y de nuevo con Mannering (GB) engendró a Apeninos (1943), sin trascendencia.
Sierra Balcarce quedó grabada a fuego como una de las 13 potrancas vencedoras de los machos en la tradicional contienda selectiva de Libertador y Dorrego. Y la mencionada La Mission hubiese sido la segunda Cuádruple Coronada en los anales de los libros turfísticos si el diablo no metía la cola en esa pasada sabatina del 1º de noviembre de 1930 en la pista grande metropolitana.